Las casas del futuro… ¿o las personas del futuro?
Desde la vieja Robotina de los Supersónicos a la más reciente Samantha de la aclamada película Her, la sociedad ha soñado recurrentemente con la idea de una casa inteligente, que haga por nosotros muchas de las cosas de las cuales no queremos encargarnos. La misma idea de muchos electrodomésticos, como las cafeteras, las lavadoras o las máquinas lavaplatos, es esa: artefactos que nos ahorren hacer el café, lavar la ropa o estregar la loza.
Pues bien, las casas inteligentes ya existen. Y pronto llegarán para quedarse. Aunque aún les falta un proceso de expansión, ya encontramos servicios como el de Alexa, promovido por Amazon. Tarde o temprano acabarán por llegar a nuestro país, se populizarán y, como es de esperarse, se volverán parte de la vida cotidiana de todos. Y serán, cómo no, la última maravilla del siglo.
¿Qué representa una casa inteligente?
¿Es realmente algo que queramos o que nos ayude a vivir mejor? Sin duda una casa inteligente, que haga varias cosas por nosotros, representa un atractivo natural para el ser humano, que es, en muchos sentidos, el mismo que representa una cómoda cama frente a un televisor: el atractivo de quitarse un peso de encima y no tener que hacer nada. Las casas inteligentes serán facilidad y comodidad.
Pero ¿qué tanta facilidad queremos en nuestras vidas? ¿Es eso lo que hace mejor nuestra casa y nuestras vidas? ¿Qué tanto queremos que nos ahorren el esfuerzo de hacer las cosas? Quizá no tanto como pensamos. Porque lo que nos gusta de la facilidad es que nos premia lo que sí hacemos. O que nos ayuda a hacer mejor algo, no a dejar de hacerlo. Es posible que lavar la ropa en la lavadora sea más práctico y rápido, pero no por ello deja de ser más satisfactorio, e importante, encargarnos del cuidado diario de la ropa, de su separación por colores y de su organización posterior en el clóset.
Estas conclusiones vienen de un estudio de la consultora de estrategia Red Associates. Según esta reconocida empresa, que ha trabajado con grandes corporaciones como Samsung, Nike o Coca-Cola, las casas inteligentes fallan en no considerar que las personas quieren aprender a hacer mejor las cosas, no tanto que las hagan por ellos.
Casa de los sueños
Y en Alfa sí que sabemos eso: a nadie le gusta tanto una casa como la que hace, o remodela, por sí mismo. A casi nadie le gusta sentarse y esperar que su casa esté como la quiere, sin participar del proceso. Nuestra casa es, más que un mero lugar físico, algo que vamos cultivando con el tiempo. Y está solo en manos nuestras lograr la casa que queremos, poco a poco, con esfuerzo, ensayando, buscando, intentando y arriesgándonos.
La casa que soñamos es la que soñamos mientras la vamos haciendo, no la que solo nos imaginamos para tener un día. Las casas del futuro tienen que ver más con las personas del futuro, es decir, con esas personas que queremos llegar a ser y para lo cual debemos pensarnos desde nuestra casa.
¿Cómo sueñas tu casa? ¿Cuál es tu casa del futuro? Cuéntanos.
En Alfa estamos para hacerla contigo con nuestros productos de remodelación y decoración de espacios.

